Convivencia Sustentable

Muy seguido vemos en la pantalla del televisor una realidad que no deja a nadie indiferente. El bullying o violencia o maltrato escolar es una difícil y compleja realidad que se vive en muchos establecimientos escolares de forma diaria: alumnos entre sí, alumnos contra profesores y viceversa, en particular en aquellos establecimientos orientados a alumnos en vulnerabilidad social.

En este sentido, uno de los principales logros de la Escuela Agroecológica de Pirque es el modelo de convivencia sustentable que ha podido ir instalando en la comunidad y que permite que hoy en día los índices de violencia escolar y otras situaciones que a veces afectan a este tipo de escuelas como la venta de drogas o los robos, sean nulos.

A muchas de las personas que nos visitan la primera vez les llama profundamente la atención que la puerta de la Escuela esté permanentemente abierta, que no exista un portero y que no hayan inspectores de patio. Aun cuando hay 430 alumnos en clases, los espacios comunes y las salas de clases permanecen tranquilos –con el movimiento normal de un colegio-, los estudiantes tienen un trato cordial y saben a quién y cómo recurrir cuando tienen un problema. Lo que les resulta aún más sorprendente es que la EAP cuenta con un índice de vulnerabilidad social superior al 75% todos los años, y que el 30% de esos alumnos se encuentra en situación de precariedad.

¿Cómo se consigue esto? La respuesta es el resultado de un proceso de años que ha implicado un compromiso mayor de la institución y, en especial del cuerpo docente, por profundizar en el proceso educativo de los jóvenes, mucho más allá de la entrega de conocimientos y el desarrollo de competencias y habilidades técnicas.

El fundamento de nuestro modelo de convivencia sustentable es una cultura escolar sólida, construida y respetada por todos, la que se basa en una serie de valores que no sólo forman parte del discurso institucional, sino que se vivencian en el día a día, a lo que se suma a una misión clara y consistente en el tiempo.

Sin embargo, lo que caracteriza esta visión es el cambio de una convivencia basada en reglas de disciplina a otra basada en reglas de pertenencia. Este hecho tiene implicancias profundas porque deja en manos de los alumnos el compromiso y la responsabilidad de adscribir a estas reglas. Si ellos quieren pertenecer a esta comunidad escolar deben comprometerse con ellas. Estas reglas se sintetizan en la “Declaración del Espacio Sagrado”, documento que es estudiado en el Taller de Ecología Interior, firmado por todos los alumnos y recreado a través de un rito que se hace anualmente a mediados de año.

Como complemento, en la EAP hemos desarrollado una serie de instancias para la mediación de conflictos cuando estos surgen, que contemplan el apoyo de profesores y directivos, en particular de la inspectora general, así como talleres de mediación y el Programa de Educadores de Paz, entre otras. Ellas se basan en el respeto a la diversidad y un diálogo franco y transversal, donde prima la confianza, el cumplimiento de los compromisos adquiridos y la búsqueda de la paz.

Todo lo anterior no significa que la Escuela sea terreno de nadie y que los alumnos puedan hacer lo que quieran, todo lo contrario, tenemos un sistema de tolerancia cero con la violencia y las drogas. Podemos aceptar niños con problemas de drogas o que hayan vivido situaciones de violencia, pero ni las drogas ni las armas de ningún tipo tienen cabida en este colegio. Pensamos que todos los conflictos  pueden ser resueltos con voluntad y respeto, con responsabilidad y confianza, desde roles claros y una autoridad que no cae en paternalismos, pero tampoco en abusos.

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